03 septiembre 2009

Los canales de Lowell y la fiebre marciana...

Entrando al Siglo XX, ni el hombre ni ninguna máquina creada por él había pisado un suelo que no fuera el terrestre. Todo lo que sabíamos de nuestros planetas vecinos era gracias a la observación, con lo cual, la información que teníamos de ellos era muy poca. No sabíamos nada de sus suelos, su composición química... ni siquiera sabíamos si estaban habitados por otros seres. A la luz de los conocimientos, había tanta posibilidad de vida en Venus como en Marte. Sin embargo, nadie hablaba de Venusianos... Todas nuestras expectativas de vida (o por lo menos, las de la mayor parte de la sociedad) estaban puestas en un sólo lugar: Marte, ubicado a menos de 100 millones de kilometros de casa (100 millones de kilometros, algo así como 4650 viajes de Buenos Aires a Nueva York)

La pregunta del millón es... ¿Por qué surgió esa fiebre marciana? Tenemos que remontarnos a la Italia de 1877, año en el cual, el astrónomo Giovanni Schiaparelli observó "canales" en la superficie marciana. Estaba hablando de depresiones que se extendían a largo de miles de kilometros. Pero del otro lado del mundo, un multimillonario astrónomo aficionado, Percival Lowell, supuso que los canali a los cuales se refería Schiaparelli era a los canales construidos por la ingeniería civil, como sistemas de riego. Asi que se sumergió en la observación de Marte; y en 1895 publicó su primera obra, Mars, en la cual expuso la existencia de una avanzada civilización que habitaba el planeta rojo, y había creado impresionantes canales que surcaban todo el planeta, para extraer agua de los polos y dirigirla al Ecuador. Percival publicó más tarde otros libros, que seguían defendiendo la idea de los canales marcianos como obras de avanzada ingeniería; idea que siguió defendiendo hasta el año de su muerte, en 1916. E idea, que tanto hoy como en su momento carecía de rigor científico y fue muy criticada y cuestionada por sus colegas: Astrónomos de todo el mundo que observaban noche tras noche la superficie marciana y juraban no ver los canales a los que Lowell se refería, y Alfred Russel Wallace (si, el mismo que el de la teoría de la evolución) que demostró más tarde que la temperatura en el planeta era tan fría que el agua no podía estar en estado líquido, con lo cual, la creación de canales sería algo totalmente absurdo. Lowell cometió uno de los errores más grandes que puede tener un científico: Ajustar sus observaciones a la teoría. Debe ser exactamente al revés: La teoría debe ser consecuencia de las observaciones (Esto seguramente lo voy a retomar cuando hable sobre cómo Kepler dejó una de las huellas más grandes en el campo de la Astronomía)

Pero a la gente poco le importaba eso, y la teoría de Lowell era demasiado atractiva y explosiva como para desaprovecharla... En 1898, H. G. Wells publica "La guerra de los mundos" (que después se hizo película, y en 2005 la remake con Tom Cruise) que, a grandes rasgos, trata de la invasión de marcianos a la Tierra. La fiebre marciana estalló. A partir de ese momento, novelas, historietas, imágenes y demás, nos indundó de Marte... y lo que es más deplorable, periódicos de todo el mundo publicaban titulares tan amarillistas como "Civilización avanzada habita Marte" Y mientras la reputación de Lowell caía en el ámbito científico, el resto de la población se sumergía en la locura marciana.
En pocas palabras, a los pocos años de que Lowell publicara su primer libro, ya todo era un quilombo, y se hizo evidente la necesidad de enviar misiones a Marte que confirmaran si los canales existían o no (...además de investigar otras cosas más, se entiende) Después de varias misiones fallidas, en 1964 despegó la nave estadounidense Mariner 4, que al año siguiente envió las primeras fotos de Marte... que no mostraban más que cráteres, y montañas... y más cráteres. La hipótesis de los canales empezaba a deshacerse. En 1969 son lanzadas sus hermanas, las Mariner 6 y 7, que confirmaron lo registrado hacia cuatro años. Con la puesta en órbita de la Mariner 9 en 1971, creció nuestro conocimiento sobre la geología marciana y la idea de los canales pasó a formar parte de la ciencia ficción.

Y si bien hoy, casi 110 años después de que Lowell publicará sus ideas sobre los canales marcianos, podemos afirmar con total seguridad que los mismos no existen; no podemos decir con el mismo grado de certeza que no hay vida en Marte. Esperen, no se ilusionen. Es decir, vida inteligente no hay ni de casualidad, que quede claro. Si la hubo hace millones de años, puede ser, hoy no. Sin embargo, no podemos estar seguros de que no exista vida en sus formas más mínimas... los conocimientos que tenemos en la actualidad sobre esa cuestión son todavía muy confusos... pero eso es tema para otro día.

Si te interesa esta historia sobre los canales de Marte y Lowell, recomiendo bajar el capítulo Blues para un planeta rojo, de la serie Cosmos de Carl Sagan, haciendo click acá

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